Hoy me dio flojera escribir qué ha sido de mi vida en mis últimos días, de hecho también relatarlo en mi podcast, bueno si tuviera podcast ajajaa.
Aquí les dejo un cuento que escribí hace menos de cinco años, se llama Medias de seda. La inspiración del escrito no la recuerdo pero tiene que ver con algunos momentos de mi vida.
Medias de seda
-Cuento-
De Samuel Parra
Episodio 1
El errante susurro
Por sus pecados fue juzgado, el hombre de figura siniestra, pelo grasoso y mirada tan perdida en el horizonte como su vida misma. Entre letras y cabeceos comenzó su existencia. En una imprenta, a la cual el llamaba tugurio de falsas palabras. En su tierra era profeta, no provenía de Comala ni mucho menos de Macondo sino más allá, donde la distancia ya no se medía en metros sino en anécdotas que el tiempo convirtió en leyendas.
Rogelio, Raúl, Ignacio, Fabricio, Miguel, Arturo y Gerardo eran los nombres por los que respondía. En el bullicio del día y entre la calma de la noche se movía sigiloso mientras repartía su versión de la vida.
Para muchos, fue objeto de burla. Era incoherente desde cada pestañeo hasta el mismo instante en que tragaba su propia saliva, ¡El muy puerco!
Clara de la Vista era su nombre, la mujer de punzante prosa que al bastardo, como calificaba, destrozaba en cada línea de su viejo diario con olor a jerez. Tocar al hombre, le era imposible, seducirle con sus encantos ya no tenía sentido, frotar su intimidad de nombre falo y apellido falacia no disfrutaba más. La mujer con medias de seda, de rizos acanelados, virginidad de muchos, pero secretos de sólo uno, estaba perdida en un mundo de sombras y almas en pena. Aquel, que a su vagina hizo hablar, ahora se ha convertido en un errante susurro.
Episodio 2
Tango para tres
Un año atrás, la fecha no importa, el pésimo amante se sumergió en una depresión sin sentido alguno. Conocía perfectamente la razón por la cual se sentía afligido, herido del corazón sentimental cuya sangre se mezclaba con sus lágrimas y sudor que formarían una sola esencia.
De lo lógico brincaba a lo abstracto, su cerebro, era como una pista de baile, todos podían dar un paso sobre ella, en parejas y tomados de la mano mientras les observaba desde un rincón, enmudecido por el miedo a no revelar verdaderas intenciones ante la causa de su pena cuyo nombre no pretendía revelar, por el momento.
Esto es como un tango, se decía a sí mismo, el gaucho bravío, habitante de la planicie argentina, iba en busca de su hembra, su Eva envuelta en tintos atavíos. Ambos, se encontraron y de sus pasos nació el tango.
Podía ser el gaucho, se repetía constantemente sin soltar su trago amargo por la ansiedad, pero siempre tenía que intervenir ese personaje, un tercero, sin forma pero con sentido, sin esencia pero con significado; no, él no lo llamó, por su cuenta vino... es la negación. Es la plaga de su siembra porque al cosechar todo queda como antes estaba, tierra árida y desolada, soledad desolada.
¡Qué más da!, gritó, el rollo poético terminó por el momento y también su relación.
Desde su cama, recordaba esa noche, la mugre llenaba sus ojos, polvo se colaba entre sus pestañas para cegarlo, por un momento de su realidad. No quería levantarse, todavía estaba envuelto en sus sábanas gruesas, caliente por dentro y frío por fuera.
El olor del cedro, madera con que fue elaborada su cama, le relajaba al igual que el incienso de opio. ¿Por qué una mujer puede causar tanto dolor? No es un arma pero hiere, no es una enfermedad pero recae este tonto a cada momento. Por eso las mujeres son tan dichosas, ellas sanan y aniquilan al ser, tanto espiritual como emocionalmente.
Miedo le daba, miedo hablar de ellas, se reía pero cómo disfrutaba estar con ellas, a su lado, admirando su belleza infinita y agradeciendo siempre por los buenos momentos tanto los que están acompañados de café y cigarrillos como los de su habitación donde la intimidad y la seducción son compañeras y cómplices de la pareja.
Episodio tres
Santa más no virgen
A su martirio, un año después, llegó a la Ciudad de la Cruz Divina. Por entre las puertas de cristal, del viejo edificio de imprenta Roma, se adentró un sujeto, respondía por el nombre de “inexperto en el amor pero diestro en la seducción”, nadie le tomaba de casanova pero si de Don Juan lastimoso. Sólo una mujer, le permitió, acercársele y sus decisiones tendrían resultados para no contarse.
Gruesa en su hablar e hipnotizante en su andar era Clara de la Vista, simple morena ardiente, que rogaba ser violada más sin embargo nadie conocía su deseo más íntimo.
Episodio 4
El techo del purgatorio
En toda su vida, Clara a nadie alegó que la mujer debía ser violada y después amada pero su insistencia era mayor al no saber ¿Porqué el techo del cuarto verde era cuadrado?
Hay techos circulares, rectangulares, hexagonales e inclusive triangulares pero ¿Porqué el techo de su cuarto era cuadrado?
Enmudecidos por el frío, penetrada por el calor y satisfecho en su acoso sexual, vuelto mutuo acuerdo de violación, el vociferante sujeto, al que ella llamaría bastardo más tarde, se lució ante ella.
La pequeña, pero inocente puta Clara, en un baño de lágrimas se ahogó. Su vida ya no tenía sentido alguno porque descubrió, muy tarde, que el ser violada no significaba ser amada. Ahora, sería juzgada, por si misma, porque disfrutó del verdadero amor por primera vez, de no ser utilizada con lujuria sino con trato de princesa, de ser mimada por el hombre que, en su desfachatez extraviada esa noche, comprendió el dolor de Clara y su fatal necesidad de sentirse querida a pesar de ser ultrajada por cualquier bestia. Pero ya era muy tarde. Las últimas páginas de su diario quedaron bañadas en jerez que la acompañaron hasta su último trago.
Y la triste figura quijotesca, del hombre errante, se mantenía de pie, frente a la lápida de quien alcanzó a amar, comprender más no salvar de su tragedia. La veló cada día, esperando que ella regresará de su sueño eterno pero el tiempo borró de su mente todo pensamiento y ahora sólo se preguntaba ¿De quién eran esas medias de seda?